viernes, 16 de abril de 2010

BAd Romance!

En algún momento de 2008 llegó el disco de Lady Gaga The Fame, al cual no le preste demasiada atención, a decir verdad. Pero a fines de 2009, con su video Bad Romance, me hizo comprender que estábamos frente a algo importante y entró en mi corazón cómo un cowboy a una taberna, pateando la puerta y ganando toda mi atención. Ahora, ¿cómo puede ser que un mismo producto pase de la indiferencia a la admiración? Muy fácil, igual que una prenda cualquiera pasa de no valer nada a valer mucho: diseño de marca, o en éste caso, diseño de identidad.

En medio del bombardeo constante de información al que estamos expuestos, automáticamente desarrollamos filtros y procesos de selección, ya que de lo contrario nuestro sistema nervioso se sobresaturaría hasta el colapso de la cordura.

Con su video Bad Romance, Lady Gaga dejó bien en claro quién es y a qué vino. Sin el packaging, su obra musical podría fácilmente perderse en el océano del pop, a menos que nos den con claridad las coordenadas de comprensión. Y así fue.

Cada uno de nosotros tiene en su cerebro su propia base de datos, una enorme estantería llena de las experiencias vividas, lo aprendido, lo sentido, lo conocido. Además, esto está ordenado, tiene su lugar, su cajón, y su ubicación dentro del cajón también, y el criterio de orden responde a un constante ejercicio de comparación entre “lo nuevo” y lo ya almacenado. Éste ejercicio de comparación desglosa la nueva experiencia y la coteja con la base de datos, acercándola a las cosas parecidas, y alejándolo de las cosas diferentes. Es, por lo tanto, una estantería absolutamente personal, pero como seres que vivimos en una cultura, tanto local como global, muchas de éstas experiencias nos son comunes.

Entonces, ¿cómo es que funcionó el diseño de identidad de Lady Gaga a través de Bad Romance? Sin sutileza alguna incluyó decenas de referencias que en el proceso de comparación la van ubicando en un lugar muy específico de la estantería en un proceso complejo de retroalimentación.

Estas fueron mis propias asociaciones, algunas indiscutibles, otras quizás más personales, pero no viene al caso, porque en definitiva, la experiencia de lectura es de cada uno, y el diseño de mensaje comunicativo de identidad de Bad Romance, una maravilla.

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